lunes, 22 de enero de 2018

Tosca

El sur, el mismo de antes, mas no el de siempre. La tosca que acaricio una vez y la siguiente, habla de fuego y volcanes, nubes ácidas, movimientos grandiosos, erosiones de sol, lluvia y viento a través de millones de años.


Vuelvo al sur y me dejo llevar por la canción cálida de las colinas esculturales y las rocas amenazantes; las subo, las bajo, entro en sus oquedades, rozo las piedritas incrustadas, deshago con mis dedos la fina arenilla que cuelga de algunos huecos, me siento a contemplar la obra envolvente de la que me siento parte.
















Los paneles de celdillas, las rocas como senos emergentes, el encaje laborioso bordeando las lomas. El sur torna a conquistarme y yo, tontamente enamorada, me sumerjo en él, sin preguntas, sin dudas, sin objetivos, solo con la compañía del paisaje. 





Texto y foto, Virgi

Sino


En medio del desastre, siempre hay alguien que alza la voz y marca el camino; lo da todo, no piensa en el infortunio, ni en la hecatombe, ni siquiera en la tristeza. 
Se yergue con la naturalidad de haber nacido para esa labor, perfumar la atmósfera del resto, dar luz en medio de la noche, brillar para los demás como un destino natural y sin pedir nada a cambio.



Texto y foto, Virgi

viernes, 19 de enero de 2018

Arquetipo


Aquella familia era de manual.
La madre, con la cantinela de “se come con la boca cerrada, no se bebe si aún masticas”. El padre, ídem, “no apoyen los codos en la mesa y pónganse derechos”. El hijo adolescente, de barba rala, fleco sobre el plato y con cascos mientras oye a Jimi Hendrix o The Who, un punto a su favor, sin lugar a dudas. La hija, poco más que chica, con el móvil como menú principal, ni cuenta se da si come arroz o espaguetis. El pequeño, atorado de papas fritas y kétchup. La abuela, parsimonia de anciana, reza unas jaculatorias para bendecir la mesa.
Por último, el perro desde su posición de privilegio, no en vano ostenta un pedigrí absoluto, observa la escena con distinción, almorzando cada día con la familia un bistec de ternera o unas lonchas de jamón york.



Texto y foto, Virgi

martes, 16 de enero de 2018

Disyuntiva





Sube por la pared, picoteando las tejas, enamorando a las cortinas. Como un pirulí denso, oscuro, volátil, silencioso, se mueve según el sol y por más que con mi mano lo recorro de arriba a abajo, no puedo saber si el negro es solo un trazo de tinta que pinta la luz sobre la pared manchada por el tiempo, o una visión  fugaz en un momento aún más fugaz.



Texto y foto, Virgi

lunes, 15 de enero de 2018

Progreso






Murió la taleguita del pan, aquel bolsito de muselina bordado a mano, que decía: “PAN”, como si hubiera que explicar que no era para cebollas, papas, vino o lechugas. 

Ahora, mejor una sencilla arqueta de metal, una caja de caudales callejera, sin contraseña, con explicación visual, casi de nuevas tecnologías. Su techito por si acaso y un letrero para leer a distancia, no vaya la panadera a colgarlo del pomo de la puerta. Murió el bolso del pan de mi infancia, pero que no nos falte el pan de cada día.


Y que no sea por falta de explicaciones.


Texto y foto, Virgi

CASA DE LOS MALEJOS


Algún día, alguien (quizás mucho más de uno) dirá: ¿y cómo fue que perdimos nuestras raíces?


 

Pues así, fácil, dejándolas caer.












































Texto y fotos, Virgi

Enero 2018

jueves, 11 de enero de 2018

VOCES XXIX





-¡Pa’ jacer parigüetas y coger andoriñas si estás presto, pero pa´ los mandados de la casa, te gastas una pachorra que baje Dios y lo vea! Con que no me seas jaquecoso y alóngate hasta el chorro a ver si trae bastante agua, que con tanta chapotina debe cargar la suya, a no ser que con las dulas de los vecinos no venga sino un fisco… ¡y no te vayas a espichar en el caño roto, que estás siempre amuermado y sin sangre en las venas!


Pobre mujer, esta era la cantinela daria con el galletón de su hijo, tortolín y medio culichiche. Como le gustaba jociquiar de aquí pa´llá, un día se majó un dedo –bien rentito a la uña- por asomarse al ventanillo de la vecina; otra vez se enfonducó en el estercolero yendo tras un perenquén. Y en la última, queriendo golifiar más de la cuenta, se empericosó en una chimenea y cayó como un leño sobre el tejado de la pretendienta, menos mal que con los góngaros floridos ni daño se hizo.


Texto y fotos, Virgi